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LA HERENCIA BACTERIANA

septiembre 8th, 2018 Posted by Consejos de alimentación saludable, Metabolismo Optimo No Comment yet

       LA HERENCIA BACTERIANA

 

Últimamente viene oyéndose hablar con relativa frecuencia de los trasplantes fecales o de heces. 

Sí, ya sé que esto suena un poco asqueroso y que todos nos preguntamos, inmediatamente cómo se lleva a cabo y por qué querría alguien hacerse un trasplante de heces.

Como la mayoría de nosotros ya sabemos el cuerpo humano está lleno de bacterias (además de virus y hongos) que pueblan nuestra piel, nuestra boca, nuestro aparato respiratorio y nuestro intestino (especialmente el colon). 

Cuanto más se estudia el bioma (este conjunto de microorganismos que viven en nosotros) más se descubre la importancia que tiene, cómo nos permite digerir los alimentos y absorber los nutrientes (el 90% de ellos), cómo entrena nuestro sistema inmunológico (el 70% del mismo se encuentra a lo largo del aparato digestivo), cómo produce y estimula la producción de neurotransmisores (las proteínas responsables de la comunicación intercelular e intracelular de todo el cuerpo), cómo afecta a nuestro estado de ánimo, influye en nuestra personalidad, nuestra inteligencia, y sobre todo la expresión de nuestro propio código genético (si desarrollaremos cáncer, obesidad, Parkinson, demencia, diabetes tipo II, enfermedades autoinmunes de todo tipo y un largo etcétera).

Cuando estas bacterias (microbiota) están en desequilibrio (disbiosis) o no tenemos suficiente diversidad de las mismas, tendemos a desarrollar todo tipo de enfermedades.

En algunos casos pueden llegar a ser graves, tales como enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, síndrome de colon irritable, sobre crecimiento bacteriano, candidiasis, etc. 

Y es que para evitar todas estas enfermedades y las que se derivan de ellas, como las autoinmunes, es importante tener una flora intestinal equilibrada y diversa.

Ahora ya sabemos que para estar sanos y que nuestro sistema inmunológico no esté deprimido o sobre alterado necesitamos una biodiversidad de al menos 1000 familias (o especies) distintas de bacterias en nuestro intestino grueso que estén en equilibrio entre ellas y que puedan tener una buena comunicación electroquímica.

¿De qué depende la biodiversidad de nuestra flora intestinal?

 

En primer lugar depende de la herencia bacteriana que hemos recibido de nuestra madre, fundamentalmente. 

En el momento del parto algunas de las bacterias del intestino de la madre viajan al conducto vaginal y el bebé se impregna de ellas (piel, boca, mucosas respiratorias) si el parto no es por cesárea. 

En un parto natural es normal que también recoja bacterias de las heces de la madre que saldrán con el esfuerzo del parto.

Después cuando el bebé entra en contacto con la piel de la madre al darle el pecho, recogerá la “huella” bacteriana de la madre que tiene en su piel. 

Aquí también puede recoger la “huella” bacteriana del padre si entra en contacto su piel.

Durante la lactancia el bebé seguirá recogiendo bacterias que le irá donando la madre hasta cumplir más o menos los dos años (que su propio bioma estará completo para el resto de su vida).

En segundo lugar dependerá de que el niño esté expuesto a la mayor diversidad de ecosistemas naturales (no esterilizados) durante los primeros años de su vida. 

Que esté en contacto con la tierra y se ensucie es clave. 

Que esté en contacto con animales y entornos donde los animales están en su estado salvaje (el campo) es también clave, ya que la cantidad de bacterias y esporas en el aire en estos entornos es aproximadamente 100 veces mayor que en los entornos de ciudad y las casas.

En tercer lugar dependerá de las personas a las que esté expuesto el niño y lo sanas que sean estas personas, entendiendo por sanas la biodiversidad de sus biomas. 

Con cuantas más personas interactúe mejor.

En cuarto lugar dependerá de la alimentación que haga el niño una vez deje de tomar el pecho. 

Si la alimentación es rica, diversa, ecológica, de temporada y a base de verduras y algo de fruta (fundamentalmente) su bioma será más rico y diverso. 

Ni que decir tiene que las dietas a las que están acostumbrados nuestros jóvenes deterioran tanto la diversidad como el equilibrio de su flora intestinal, alimentos procesados con todo tipo de productos químicos.

En quinto lugar dependerá de las agresiones que sufra su flora intestinal a lo largo de sus primeros años de vida. 

Las agresiones más frecuentes y que más deterioran incluso eliminan familias enteras de bacterias que son necesarias son los medicamentos tales como los antibióticos, los corticoides, los antiácidos, etc.

Cuando pensamos que nuestros cuerpos son recipientes de microorganismos, que solo en bacterias tenemos unas 10 por cada célula de nuestros cuerpo y que controlan la mayoría de nuestros procesos y el equilibrio de todos los sistemas de nuestro cuerpo, podemos darnos cuenta de la importancia de tener un bioma sano para no acabar desarrollando todo tipo de enfermedades crónicas. 

Tanto es así que si hablamos en términos genéticos, el 98% de la información genética que albergamos no nos pertenece, en realidad es parte del genoma de nuestras bacterias y de las mitocondrias dentro de nuestras células. 

Las mitocondrias son bacterias que viven dentro de cada célula, entre 500 y 2000 por célula y que tienen su propio código genético heredado de la madre (del óvulo de ésta).

Entonces, ¿qué ocurre cuando hacemos un trasplante de heces? 

 

La primera vez que me vi expuesto a este concepto tenía yo 10 años y fue en un internado, en Aranjuez, donde pasé siete años de mi infancia y adolescencia. 

Allí, en la finca, tenían una perra, “Pisi” que tenía la asquerosa manía de comerse las heces de otros perros. 

Lo que esta perra hacía era fortalecer su sistema inmunológico, solo lo hacía cuando tenía problemas gástricos, diarrea, etc. 

Cosas de la naturaleza, que es infinitamente más sabia que nosotros.

En el trasplante de heces lo que se procura es repoblar el colon con familias de bacterias comensales que puede que no hayamos heredado (si nacimos con parto por cesárea, tuvimos lactancia por biberón, y crecimos en entornos excesivamente limpios, etc.) y de esta manera adquirir de forma rápida el bioma de otra persona más sana que nosotros. 

Esto se puede hacer a través de una sonda nasogástrica, de enemas, de colonoscopia o tomando cápsulas de materia fecal (todos los métodos con sus ventajas e inconvenientes).

¿Deberíamos hacer como Pisi y mejorar nuestro bioma con estos probióticos tan poco apetecibles?

 

Me viene a la mente el desafortunado comentario de Mariló Montero en el programa de la mañana de televisión española del 23 de octubre de 2012, cuando dijo que “no está científicamente comprobado que el alma no se transmita en los trasplantes de órganos”.

Se ha comprobado que el trasplante de heces es muy eficaz a la hora de revertir algunas de las enfermedades que enumerábamos al comienzo del artículo pero también hay que listar los posibles efectos secundarios, que cuando menos son curiosos. 

Y es que en algunos casos de trasplante fecal se ha constatado, que la persona que lo recibe pasa de ser muy delgada a ganar peso rápidamente hasta la obesidad, aun conservando exactamente los mismos hábitos alimenticios que tenía antes del trasplante. 

O que la persona que antes era muy alegre tiende a tener depresiones o cambios de humor que no entiende. 

O bien que ahora sus movimientos al caminar y sus posturas en reposo han cambiado completamente. 

O bien que su coeficiente intelectual ha variado hacia arriba o hacia abajo.

Y es que en un trasplante de heces estamos cambiando más del 50% de nuestro código genético, que ya no será el nuestro, ni el que heredamos de nuestra madre, sino el de la persona que nos lo ha donado. 

Es como ir a la tómbola del pueblo a ver qué nos toca.

 

¿Qué otras alternativas tenemos?

 

Pues como ya hemos mencionado podemos cambiar algunos hábitos que por un lado aumenten la biodiversidad de nuestra microbiota y por otro lado la equilibren, tales como:

  1. Eliminar alimentos precocinados con aditivos químicos.
  2. Pasarnos a una alimentación rica en verduras y fruta de temporada, a ser posible ecológica y local. Al cambiar la alimentación nuestro bioma cambiará por completo y se diversificará en el trascurso de un año.
  3. Exponernos a distintos ecosistemas naturales (campo, playa, granjas, etc.) donde respiremos diversidad de bacterias y esporas que nos ayudarán a repoblar el colon.
  4. Exponernos a personas sanas, cuantas más mejor, y tener contacto físico. Si no tenemos muchas relaciones y estamos aislados, nuestro bioma se irá deteriorando.
  5. Tener una mascota como un perro al que saquemos al parque o al campo a diario. La mascota aumentará la biodiversidad de nuestro bioma en un 30% al menos.
  6. Tomar probióticos en forma de esporas (que no mueren con los ácidos estomacales) que cumplen dos funciones. Por una lado producen antibióticos naturales que controlan la población de las bacterias que pueden convertirse en patógenos, como el ecoli o la clostridium difficile. Por otro lado producen prebióticos que se convierten en alimento para las familias de bacterias comensales, que ya tenemos pero que tienen una población escasa.
  7. Eliminar de nuestra vida todos aquellos productos químicos que puedan dañar nuestra microbiota, tales como los medicamentos, los pesticidas, la contaminación, los aditivos de los productos de limpieza y de aseo personal, los plásticos, etc.

Es verdad que este proceso es más lento pero cambiará algunos de nuestros hábitos para mejor y seguiremos siendo nosotros mismos. 

El trasplante de heces siempre debería ser el último recurso.

Juan Zaragoza

LA SALUD MENTAL EMPIEZA EN EL INTESTINO

junio 19th, 2018 Posted by Sin categoría No Comment yet

LA SALUD MENTAL EMPIEZA EN EL INTESTINO

 

por Juan Zaragoza

 

“La salud mental empieza en el intestino”

En mi primer viaje a la República del Congo me pasó una anécdota curiosa, me vacuné de todas las enfermedades tropicales habidas y por haber y cuando ya estaba allí, me acabó pasando lo que ni en mis peores pesadillas me había ocurrido, pillé una infección intestinal que, a parte de producirme una fiebre tremenda, diarrea, y vómitos, me hacía llorar de dolor por unos retortijones que no se los deseo ni a mi peor enemigo. 

Como llevaba tres días en cama y no se me pasaba, en mi desesperación, eché mano del kit de medicamentos de emergencia para ver qué había traído (por recomendación del centro de vacunas) y encontré una caja de antibióticos. 

Como yo no soy de medicarme, me puse en contacto con una amiga que es médico y ésta me recomendó que me lo tomase sin demora. 

Pero antes de tomármelo se me ocurrió leer el prospecto para ver los posibles efectos adversos del mismo y para mi sorpresa, me encuentro que uno de los efectos documentados era la tendencia suicida. 

Después de leer esto pensé que no merecía la pena correr ese riesgo y no me lo tomé (dos días después, mi infección del diablo empezó a remitir).

En estas últimas semanas la prensa nos ha sacudido con multitud de casos de personas aparentemente sanas y con “todo a su favor” en la vida, que han decidido quitarse la vida.

Aparentemente, lo que todos ellos tenían en común es que hacía tiempo que padecían depresión, que en muchos casos se había originado por algún acontecimiento vital traumático. 

Casos como los del cantante de Linkin Park, Chester Bennington, el DJ Avicii, el chef Anthony Bourdain, la diseñadora Kate Spade. 

Pero el factor común del que la prensa no suele hablar es que todos ellos, hacía mucho tiempo que tomaban medicamentos antidepresivos.

Si investigamos en el prospecto de cualquiera de ellos (y digo cualquiera) veremos que uno de los efectos adversos es el aumento de los pensamientos y las tendencias suicidas.  De hecho, si miramos cualquier prospecto de antidepresivo (SSRI, SNRI, MAOI, atípicos, tricíclicos) todos incluyen la siguiente advertencia:

Llame a su médico de inmediato o vaya a la sala de emergencias si padece los siguientes síntomas.

  • Intento de suicidio.
  • Pensamientos sobre el suicidio o la muerte.
  • Pensamientos sobre lastimar a otros.
  • Actúa enojado, violento o agresivo.
  • Ataques repentinos de manía.
  • Ataques de pánico.
  • Insomnio (dificultad para dormir) severo o continuo.

Las estadísticas oficiales tampoco son muy esperanzadoras, en USA la depresión clínica afecta a 16 millones de estadounidenses, dato que ha aumentado en un 65% desde el 2002. 

Consulta aquí el estudio

Y junto con este aumento también podemos ver que los casos de suicidio han aumentado un 25% entre 1999 y 2016.

Aquí  puedes ver el estudio

En España el aumento de la depresión (que también crece) es del 15% entre el 2005 y el 2015 y los casos de suicidio han aumentado un 19% desde el 2007. 

La verdad es que asusta pensar que lo que debería ser la solución (la medicación) a una enfermedad que está en alza, pueda acabar convirtiéndose en uno de los factores que más contribuyen a un fatal desenlace de suicidio.

 

¿Por qué están aumentando de manera tal alarmante los casos de depresión en los países desarrollados? 

 

Obviamente la atribución es multifactorial, crisis, estrés, pérdida de valores, pérdida del tejido social y la red de apoyo, etc. 

Pero hay un factor que es clave por ser desencadenante y siempre aparecerá como una de las causas.  

Ese factor no es otro que la salud intestinal.

Mira este vídeo

En nuestro aparato digestivo (del esófago al ano) tenemos una red de más de 100 millones de neuronas, mayor que la cantidad que hay en la espina dorsal y el sistema nervioso periférico. 

 

Este “segundo cerebro” (sistema nervioso entérico) está en comunicación continua con el bioma (bacterias, virus y hongos) que tenemos a lo largo del aparato digestivo, y produce más de 30 neurotransmisores distintos además del 95% de la serotonina que podemos encontrar en el cuerpo. 

El segundo cerebro se comunica con el primer cerebro a través del nervio vago, pero la información viaja en una sola dirección, del segundo cerebro al primer cerebro. 

Por esto y porque las bacterias que tenemos en el aparato digestivo (10 bacterias por cada célula en nuestro cuerpo) continuamente se comunican con el segundo cerebro influyendo en la producción de neurotransmisores y de información que viaja a nuestro primer cerebro, nuestros estados de ánimo y posibles “desequilibrios” químicos en el cerebro, tienen su origen en el segundo cerebro, que es el aparato digestivo. 

Es por esto que si queremos abordar con éxito una depresión tenemos que abordar las causas en origen, y este origen siempre lo encontraremos en el propio aparato digestivo.

A modo de ejemplo, ya sabemos hoy en día que el consumo de alimentos ricos en uno de los ocho aminoácidos esenciales, el triptófano, que a su vez es precursor de la serotonina (neurotransmisor del bienestar) tiene un impacto enorme en la reducción de procesos inflamatorios intestinales. 

Esta reducción de la inflamación se debe a la producción de células inmunológicas tolerantes, que solo se da en la presencia de una familia de bacterias llamada Lactobacilus reuteri que al metabolizar el triptófano producen ácido láctico-indole-3. 

Es por esto que aquellas personas que no tengan esta familia de bacterias, o tengan una deficiencia en su población, desarrollarán procesos inflamatorios que a su vez tendrán repercusión en la salud mental, a causa del delicado equilibrio y las distintas vías de comunicación que hay entre el intestino y el cerebro.

¿Qué daña nuestra salud intestinal que finalmente acaba repercutiendo en nuestra salud mental?

 

Muchos estudios han demostrado el vínculo entre los procesos inflamatorios en el intestino y la depresión.

Aquí puedes consultar el estudio  

Es por esto que se hace imprescindible “reparar” el intestino y reducir los procesos inflamatorios. 

 

¿Qué alimentos son los más pro-inflamatorios?

 

  1. El gluten. No es necesario dar positivo en el test de celiaquía.  La mayoría de los test no son exhaustivos y dan falsos negativos, ya que no testarán las más de 30 variedades de gluten que podemos ingerir.  Aunque uno no tenga síntomas, las propiedades “pegajosas” del gluten, hacen que se formen aglomeraciones de partículas de comida que causan inflamación en sujetos sanos. Pincha aquí para ver el estudio
  2. Los lácteos. La caseína, que es la proteína de la leche puede ser causante de inflamación que a su vez está vinculada con enfermedades psiquiátricas que van de la esquizofrenia a la depresión.  Es verdad que no todo el mundo tiene intolerancias a la proteína de la leche pero sería bueno testar este alimento (con una dieta de eliminación), en caso de depresión, para ver el impacto que tiene.
  3. Transgénicos (GMO). Son organismos genéticamente modificados con el fin de “mejorar” la producción agrícola y hacerlos resistentes a pesticidas que matarán insectos, malas hierbas, hongos, etc. sin afectar al cultivo.  Como absorben los pesticidas y estos han sido diseñados para matar, el impacto que tienen dentro de nuestro cuerpo, con nuestra flora intestinal, es el mismo que tienen fuera, “matar la vida”.  Además la comida no es solo nutrientes, sino también información genética que hace que los genes de nuestro bioma se expresen de cierta forma y que a su vez influye en nuestra propia expresión genética.  El resultado es que si tenemos predisposición genética a desarrollar ciertas enfermedades (como la depresión) estos genes se “enciendan” desarrollando la enfermedad.
  4. Azúcares y edulcorantes artificiales. Ni que decir tiene que el azúcar y los hidratos de carbono que se convierten rápidamente en glucosa en la sangre son altamente adictivos.  Al margen de este “pequeño problema” los picos de glucemia en sangre hacen que nuestro páncreas realice un sobresfuerzo para bombear insulina y transportar ese exceso de energía a las células.  Como no consumimos toda esa energía (por falta de actividad física) las células acabarán acumulando el exceso en forma de grasa (depósitos de lípidos ectópicos) que producirán inflamación a nivel celular y harán que las células se vuelvan resistentes a la insulina.
  5. Aceites vegetales procesados. Prácticamente la totalidad de los alimentos procesados lo han sido con aceites vegetales que ya habían sufrido un proceso previo.  Todos estos procesos químicos y térmicos de calentamiento, oxidan (se vuelven rancios) los aceites y dañan nuestro endotelio (pared interna de los vasos sanguíneos) produciendo inflamación crónica, enfermedad cardiovascular y como no, depresión.

 

¿Y qué puedo comer que no contribuya a mis procesos inflamatorios?

 

Para empezar, deberíamos tener una dieta rica en grasas sanas (frutos secos crudos, semillas, aguacate, aceite de oliva virgen extra sin calentar, aceite de coco, aceite de sésamo, mantequilla o ghee, pescado azul), vitaminas y antioxidantes (que encontramos en abundancia en verduras, hortalizas, crucíferas y fruta), proteínas de alta calidad (tanto legumbres bien cocinadas como pescados, huevos y carnes de animales criados en libertad y alimentados con pastos) y especias antiinflamatorias como el jengibre, y la cúrcuma.

[1] https://www.cdc.gov/nchs/products/databriefs/db283.htm

[2] https://www.cdc.gov/vitalsigns/suicide/

[3] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27592562

[4] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1954879/

 

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